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miércoles, 17 de agosto de 2011

Ser madre: reeditada y actualizada


Gustav Klimt: "Las tres edades de la mujer" ("Three ages of woman")

Mi amiga del alma, María Guadalupe Buttera, coautora de varios exitosos libros para Ediciones Paulinas , autora del blog "Despertar y Crecer" ©  que siempre me nutre, quien actualmente se desempeña en el área de Promoción de la Salud Integral como Consultora Psicológica (Counselor), facilitadora de procesos de cambio con una mirada espiritual, y quien se define como psicoeducadora oriunda de la provincia de Santa Fé, escribió una interesante entrada hace un tiempo de donde extraigo esta cita de un autor a quien a menudo se refiere, ya que con él se capacitó para llevar adelante su digna y noble labor:

    "No hay nada que sobrepase a la madre.

    La conexión con ella es la base de todo éxito en la vida"  
                                                                 Bert Hellinger 
"Despertar y Crecer" ©: Re-Conectar con nuestra madre

Para Hellinger, pensador que introdujo el concepto de "constelaciones familiares",  y sobre el cual hoy muchos terapeutas trabajan, el tratamiento psicoterapéutico de un miembro de eso que el considera una "constelación", se aborda como un emergente, como un síntoma o señal de algo que no está funcionando bien (o, como se dice en la jerga "psi", "dis-funcionando"), en todo el engranaje familiar. Para este filósofo, la conexión con la madre es esencial, en tanto es la clave de todos los vínculos que entablamos en la vida, y sobre todo, el vínculo que logramos establecer con nosotros mismos. Y por consiguiente, la clave de nuestra propia felicidad. Hellinger también se ocupa de la figura paterna, pero hoy quisiera acotar mi reflexión a LA MADRE, aunque "padre y madre" por estos días se me hacen lo mismo, y encuentro muchas similitudes en las diferencias.
María hace una intensa y enriquecedora reflexión sobre este vínculo primordial "madre-hijo", y además ofrece ejercicios prácticos para lograr "re-conectar" con LA MADRE, en caso de que, como ella misma aclara, hasta inconcientemente, ese vínculo esté herido.
Yo por estos días estoy "maternando" profusamente, como, creo, todas las mujeres hacemos, con o sin conocimiento de causa, y con o sin hijos. Y el post de María me hizo "des-cubrir", como ella lo escribiría, es decir, "sacar a la luz", el hallazgo de que,  hoy por hoy,  me estoy encontrando fundamentalmente y cara a cara, con LA MADRE QUE HABITA DENTRO MÍO Y ME MATERNA A MÍ; y que es, nada más ni nada menos, que la encarnación y re-creación de todas y cada una de las figuras maternas que pasan y han pasado por mi vida.

Yo misma, madre de mi propio ser gracias a todas las madres encarnadas con las que conecto, conecté y re-conecté, y gracias a la madre que soy y que materna y me materna desde la luz.

Está, en  principio, y eternamente omnipresente MI MAMÁ. Una Mamá con quien la conexión ha sido siempre profunda, fluida, y nutricia. MI MAMÁ, quien hasta hoy funciona como MI MAMÁ, a quien necesito como la niña que fui y que vive en mí, necesitando de su mirada, su palabra, su escucha y su presencia, y que ahora también veo desde otro lugar más maduro y equilibrado, en todo su esplendor y humanidad de FIGURA MATERNANTE  para mí, para mi papá, para sus padres y suegros, cuando les llegó el turno de ser maternados amorosa y lealmente hasta el fin por ella, para su tía, a quien cuidó en su enfermedad siendo ella muy joven, para mi hermana, niña de ayer y mujer-niña hoy,  para sus yernos, que se nutren de sus ricas comidas y detalles maternos, para mis hijos, para mis sobrinos, y para ella misma, ahora con un nido que es "tomado por asalto" por todos sus "hijos" varias veces por semana, porque sigue funcionando como nido- no- vacío.
Están mis abuelas, madres de mis padres, con quienes debí "re-conectar", y lo hice, de hecho, como su presencia en fotos y referencias se refleja en este blog.  Abuelas que maternaron a sus hermanos al quedar huérfanas, a sus propios padres, a sus hijos, a sus esposos, a sus nietos, y a sí mismas, en los mares del destierro, la inmigración, la soledad de la maternidad por aquellos días, la pérdida de seres queridos, la enfermedad, la escasez, la viudez...

Está mi suegra, madre de mi esposo y figura maternante de su esposo, de todos y cada uno de sus hijos aquí o más allá, de su hermano y su familia, de su madre y su suegra ya idas, a quienes también debió maternar hasta el final, y ahora figura maternante de sus nietos, mía, y de sí misma, tratando de darse lo que necesita para maternar a tantos.

 Está mi hermana, madre de sus hijos, figura maternante para su esposo, para nuestros padres, para sus sobrinos, para su hermana mayor, para sus amigas, para sus suegros y sus cuñados, para sus pacientes, y para ella misma.
Están estas amigas que una va encontrando en el camino del "Despertar y Crecer" que propone María desde su bello espacio, madres que aparecen y elegimos para que nos maternen con su sabiduría y experiencia de vida distinta a la propia, con los detalles autobiográficos íntimos de sus historias de maternaje que comparten con nosotras y que nos hacen más y mejores madres en el compartir, en el enlazar, y que funcionan como puente para ese encuentro tan necesario y conmovedor con la madre que encarnamos cada una de nosotras para tantos seres.
Amigas como Ale, una amiga que eligió no tener hijos, pero que materna a su esposo, a su propia madre, ahora ya mayor, a su hermana, a sus mascotas, a su amiga Fer, aunque no se dé cuenta, y a ella misma.
 
 Amigas bloggers que se han ido sumando en cuestión de meses, que también me maternan y a quienes también materno de modos inefables y etéreos.
Mujeres que una no conoce personalmente, pero que lee y escucha, y desde allí me maternan de diversas maneras. Los ejemplos abundan, y si mencionara algunos, sería injusta con los que omito mencionar. Laura Gutman sería el mejor ejemplo de alguien que me maternó cuando devine madre.
Están mis alumnos y alumnas de hoy y de siempre, seres a quienes materno mientras guío su aprendizaje y quién sabe hasta dónde y cuándo, porque ser educador es ser en un hacer maternante en esencia. Y que a su vez, desde su juventud, y también de modos sutiles, me maternan a mí tantas veces aunque no lo sepan, haciéndome reir con el corazón, compartiendo conmigo sus ilusiones y desencantos, sus descubrimientos con ojos grandotes, que me enseñan tanto porque ven al mundo desde un lugar nuevo y valioso, me enseñan tanto más de lo que yo tengo para enseñarles a ellos. Y en eso sigo, y doy gracias por eso.

Y, sin descuidar el sagrado hecho de que son chicos, están también, y por sobre todas las cosas, mis propios hijos, que me maternan tanto como yo a ellos, con sus caricias, abrazos y besos, sus silencios y sus griteríos, sus berrinches y embroncadas, sus chistes y sus risas, su amor incondicional hacia mí, con todo lo que me enseñan con su mirada fresca y pura de la vida, con esa conexión con mundos etéreos e intangibles que los hace chicos y que refresca en mí a la niña que llevo en mi corazón por siempre.

Hasta me materna mi propio esposo, sin jamás dejar de ser mi hombre, al darme de su enorme resiliencia, al cubrir una enorme parte de mis necesidades materiales y afectivas, al cuidarme a través del detalle de una cena calentita o una taza de té cuando estoy cansada y de regreso al hogar que construimos y sostenemos juntos, al bancarse todo de mí sin lograr terminar de entenderme, pobre tipo, pero desde el amor. 
Maternar es una rueda alimenticia de exquisito perfume, suave textura, agudo olfato, reconfortante tacto, oído afinado, y resonancias místicas. Todo esto me recuerda a esa preciosa novela que leí hace tiempo,"How to make an American Quilt" de Whitney Otto , adaptada al cine como "Donde reside el amor",  que me habita.
El maternarje se convierte en una empática y fabulosamente nutritiva "cadena de favores". Es esa red de seres con manos abiertas y corazones generosos en la que las mujeres nos dejamos caer para rebotar y volver a lograr hacer pie para así enfrentarnos con los vaivenes que conlleva toda vida. Y lo más maravilloso del fenómeno es que el varón es también parte de él, y que también es capaz de maternar, o paternar, que en esencia son la misma cosa, con distinto envase, aroma y espe

           ¡QUÉ MARAVILLA!
                                    
Cada vez que me enfrento con una escena de la vida cotidiana en la que se manifiesta esta simbiótica fusión bien lograda aunque siempre imperfecta, no puedo dejar de conmoverme y sonreír desde la complicidad y el saber de lo que allí está sucediendo.

 Hoy doy gracias a todas y cada una de mis madres, y gracias a la vida y a la Fuente de Vida, Madre Primordial y Primera, a quien yo llamo DIOS, que ha generado el encuentro conmigo misma como mi propia madre en la LUZ.

Dice Elizabeth Kübler -Ross en su maravilloso libro autobigráfico "La rueda de la vida", ya casi al final, del libro y de su prolífica vida maternante:


"Realmente creo que mi verdad es una verdad universal que está por encima de cualquier religión, situación económica, raza o color, y que la compartimos todos en la experiencia normal de la vida. Todas las personas procedemos de la misma fuente y regresamos a esa misma fuente. Todos hemos de aprender a amar y a ser amados incondicionalmente.
Todas las penurias que se sufren en la vida, todas las tribulaciones y pesadillas, todas las cosas que podríamos considerar castigos de Dios, son en realidad regalos. Son la oportunidad para crecer, que es la única finalidad de la vida. No se puede sanar al mundo sin sanarse primero a sí mismo. Si estamos dispuestos para las experiencias espirituales y no tenemos miedo, las tendremos, sin necesidad de un gurú o un maestro que nos diga cómo hacerlo. Cuando nacimos de la fuente a la que yo llamo Dios, fuimos dotados de una faceta de la divinidad; eso es lo que nos da el conocimiento de nuestra inmortalidad.
Debemos vivir hasta morir. Nadie muere solo. Todos somos amados con un amor que trasciende la comprensión. Todos somos bendecidos y guiados. Es importante que hagamos solamente aquello que nos gusta hacer. Podemos ser pobres, podemos pasar hambre, podemos vivir en una casa destartalada, pero vamos a vivir plenamente. Y al final de nuestros días vamos a bendecir nuestra vida porque hemos hecho lo que vinimos a hacer.
La lección más difícil de aprender es el amor incondicional.




LA RUEDA DE LA VIDA

Cuarta Parte " EL AGUILA" 




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