viernes, 30 de diciembre de 2016

Reflexión Etílica de Fin de Año: Parte II



    Habíamos quedado en los preliminares de los platos principales de la comida de Fin de Año. Si recuerdan, habíamos servido un par de tragos, mayormente frutales y dulces, para ir limando las asperezas esperables en los primeros momentos de reunión. Asumiendo que, como expertos anfitriones, hemos logrado pilotearla sin excesiva turbulencia a través de las entradas, prosigamos con el plan de desarme etílico de posibles peloteras.



A estas alturas, y con un poco de viento a favor, habremos sorteado ya varios principios de incendio en nuestra mesa y estaremos sirviendo el plato principal: un momento ideal. Es entonces cuando los comensales se llenan la boca de comida, la conversación se limita a preguntas desconcertantes acerca de qué es esto o aquello otro lo cual nos irrita de por sí por parecernos más que obvio: es comida—, pero cuya presencia en el menú, cuidadosamente sopesado colectivamente de antemano, o cuyo modo de preparación propio, siempre puede ser objetado con muy mal gusto. Asimismo, la urticaria puede llegar a partir de antipáticos pedidos de saleros y pimenteros que refuercen el sabor donde se siente que no ha sido suficiente, o bien de comentarios del estilo: "Esto es mejor comerlo caliente...", en un día de 34° de calor promedio y corte de luz en Buenos Aires, por ejemplo. 



Suele ser este el momento en el que el diálogo más fuerte se mantiene entre los niños y jóvenes presentes. Para mantener y fortalecer el espíritu de boca cerrada que reina a la mesa, me auxilia el vino,  prodigio de mi tierra. Eso sí, les advierto: tengan a mano una variedad de vinos tranquilos para regar el plato principal. Tomen en cuenta que los caballeros tenderán a optar por los tintos, ligeramente abocados o de reserva, mientras que las damas se inclinarán por los blancos y rosados sin más, a no ser que tengan una cuñada que se las tira de distinguida, aunque es beoda a secas, y que, encima, jamás pone su casa para fiestas, una cuñada como la mía, bah, que, vez pasada, se ofendió porque no le dispensé una botella de Rutini de cosecha y de casi una luca que me habían obsequiado, y que obviamente me excusé de estar salvando para Pascua. ¡Ni mamada la convido con Rutini a mi cuñada!



Si el generoso despliegue etílico ha surtido el efecto deseado hasta el momento, los invitados se verán en la imperiosa necesidad de abandonar la mesa por un rato a medida que el brindis de las doce se hace inminente. Este puede ser un buen momento para distenderse, poner algo de música, encender algunas velas y, por qué no, servir algo así como una caipirinha, un trago esencialmente brasileño que jamás defrauda. Yo prefiero su versión más conocida como caipiroska, simplemente por el poder vigorizante  e infalible del buen vodka.

*Caipiroska


Ingredientes:

*4 partes de vodka de buena calidad
*1 limón Tahití
*2 cucharadas de postre de azúcar
*Hielo picado



Procedimiento:


*Cortar el limón al medio y luego cortar las dos mitades nuevamente al medio. Realizar un corte en V , retirar y desechar la parte central de los trozos de limón, ya que le dan un sabor un poco amargo al trago.

*Mezclar el limón con el azúcar en un recipiente de boca ancha o en un mortero. Aplastar y amasar el limón con el azúcar y mezclar con el vodka. Puede batirse la mezcla resultante en coctelera si se prefiere, al ritmo de samba.

*Trasvasar a un vaso de boca ancha y agregar el hielo y un sorbete.


*Se puede saborizar el trago agregando azúcar al borde del vaso y decorarlo con una rodaja entera de de limón. Yo con mi familia ya ni me gasto...




Con la energía que el vodka insufla a nuestro torrente sanguíneo ciertamente bien regado hasta el momento, nos podemos relajar por otro rato, aunque nunca falta el abuelo o el tío ansioso y/o prostático que comienza a mirar el reloj y nos hace el favor de la cuenta regresiva a viva voz. Para el brindis de las doce, no suelo complicarme demasiado: vinos espumantes son la opción más propicia para recibir el año entrante. No obstante, como ya les había advertido en un principio, mi familia es muy propensa al debate, y llegada la hora de alzar las copas, habrá que cerciorarse de quiénes son los que se inclinan por el champagne brut o extra brut so pena de ser burlados por agregarle azúcar a la copa, quiénes por los espumantes dulces del estilo de Freixenet, Novecento, Deseado, Santa Julia, Emilio de Nieto Senetiner o un Norton de cosecha especial, o bien por la simple y siempre leal sidra Real, Rama Caída o El gaitero, famosa en el mundo entero.

Este suele ser el punto más álgido del encuentro para quien escribe, debo confesar. En el preciso momento en que me dicen: "Che, servite un champán, como los franchutes, que es digestivo y no tenemos que manejar..." se me vienen los recuerdos de Don José, mi buen abuelo asturiano, y de cómo se quedaba dormido esperando que le trajeran a la mesa algo para masticar que no fuera ruso como la ensalada, o tano, como el Vitel, o yanqui como el insípido pavo. Es que el asturiano era muy nacionalista de su Asturias natal, aún habiendo pasado más de media vida en la Argentina. Así es que en mi mesa de fiesta jamás falta la sidrina asturiana, la buena, rica y entrañable sidra de mi abuelo asturiano.


Ante la disyuntiva entre sidra y champagne, no puedo obviar otra seria advertencia. Es sabido que la hora del brindis es la nota más alta de la noche. Algunos piden sus deseos, otros se limitan a observar los fuegos de artificio que comienzan a volar por sobre los techos a través de las ventanas, y a algunas personas sensibles les da por llorar, cayendo patéticamente en lo que en mi familia hemos dado en llamar "el pedo triste". Este es el caso de mi tía, por ejemplo. Es conveniente que con este tipo de personas  de lágrima fácil y llanto profuso a moco partido, se ahorre al máximo en graduación alcohólica, ya que una copa de champagne puede causar estragos y aguarnos la fiesta, literalmente. Prefiera, por tanto, la sidra al champagne, por su menor graduación alcohólica.





"Año nuevo, vida nueva" siempre decimos, ¿verdad? Pues porque va llegando el momento en que por fin todos hagan "taza, taza: cada cual para su casa", mi momento favorito y más preciado. Como algunos son reacios a despedirse, aunque lo más probable es que nos volvamos a encontrar en unas horas, por ser primero de año, claro, para esta hora siempre tengo reservada en la heladera una jarra de jugo de naranjas frescas exprimido y me guardo algo del buen vodka con el que preparé las caipiroskas. 



El destornillador es un trago que resulta mortífero pero efectivo en despegar hasta al más guapo de la silla y mandarlo  haciendo eses a su cama. Es imprescindible no cometer el error en el que alguna vez yo misma he incurrido de utilizar cualquier jugo de naranjas envasado o inclusive un refresco de sabor naranja, ya que los efectos del vodka se potencian, y no hay quien te salve de la curda que te agarra: cuiden mucho las medidas y cerciórese de que ningún sobrino se termine el jugo natural de naranjas reservado en la nevera.



*Destornillador

Ingredientes:

* Tres partes de vodka y siete de zumo de naranja
* Hielo en cubitos.
* Opcional a esta hora: Una rodajas de naranja para decorar la copa.

Preparación: 


*Para preparar un buen Destornillador simplemente se deben colocar dos cubos de hielo en un vaso de trago largo y agregar allí las tres partes de vodka y las siete de zumo de naranjas. 

*No es un detalle menor emplear vodka de buena calidad, sino fundamental: un vodka mediocre es indisimulable y arruina el trago. 








Ahora sí, si el efecto de este cóctel no se hace sentir de inmediato, una ronda de café bien cargadito y algo dulce tiene que poder mandar a todos ...a su casa.





 ¡¡¡Feliz 2017 y gracias por la lectura!!!


A boca de jarro

lunes, 26 de diciembre de 2016

Reflexión Etílica de Fin de Año: Parte I

 


    Yo no sé cómo será la historia en sus casas, pero en la mía, sobre todo cuando era chica, las fiestas de Fin de Año no pasaban inadvertidas: dejaban una resaca de peloteras familiares importante. Los recuerdos de los sentimientos que aquellas peloteras despertaban en mí, siendo apenas una niña, han sido tema de varias sesiones de terapia, con escasos resultados prácticos y un alto impacto en mi bolsillo. No es mi intención ponerme aquí, justo en este momento del año, a interpretar psicoanalíticamente los males que aquejan a mi familia, porque además de que no sé un pito del tema, francamente ya casi que me importa un pito: mi familia es así, y sé que no va a cambiar, aunque durante largo tiempo me sentí con el deber y la capacidad de hacerla cambiar. Es más, es probable que el paso del tiempo agudice nuestros rasgos antes de suavizarlos. Con el correr de los años, he pergeñado toda una estrategia para evitar las peloteras en mi mesa de festejos, y he descubierto alegremente que el alcohol ayuda mucho en mis intervenciones en este aspecto. Por lo tanto, esta reflexión de Nochevieja viene de ejemplos y de recetas, vamos, viene de tragos.




Es una verdad universal que las Fiestas y las fechas especiales nos movilizan de maneras de las que ni siquiera somos conscientes. A este fenómeno debemos sumar la presión que se ejerce desde el afuera para que nos sintamos festivos y expansivos por calendario, reuniéndonos a comer y a beber como si fuésemos a marchar para la guerra, sin olvidarnos de hacernos los mejores regalos. En mi familia, como en muchas otras asumo solemos reunirnos y visitarnos con cierta asiduidad, pero se siente en estos tiempos el imperativo de que lo mismo que nos reúne incontadas veces a lo largo del año sea diferente y especial. Es eso, en mi entender, lo que genera expectativas que nos condicionan a jugar un papel altisonante en la reunión, sea contando amenas anécdotasque para nadie resultan novedosas, comentando ciertos acontecimientos de orden público o carácter privado de modo singular, cocinando un platillo extraordinario o complaciendo el pedido general de preparar ese postre que nos identifica como grupo familiar. Hamlet lo resumiría en una línea: "Asume una virtud si no la tienes."





En este afán por lucir más chispeantes y descollantes, más "nosotros mismos" que lo habitual, es donde hacemos cortocircuito con los demás, creo entender; es en ese escenario donde nuestro personaje pretende desplegar lo mejor de sí mismo en el que se filtra lo malo conocido para empañar el protagonismo que buscábamos tomar en el festejo, traído habitualmente por otro personaje - alguien con buena memoria del libreto -, quien nos recuerda en off de todas las escenas vitales en las que no actuamos a la altura de lo esperado. Se desata, al fin, una lucha de egos, que se debe resolver para lograr proseguir con la obra hasta que caiga el telón. Para aliviar, entonces, esos roces entre actores en escena, y aún en ayunas, apelo al poder del alcohol por vez primera en forma de sangría, por aquello de que la sangre siempre tira.


*Sangría al mejor estilo español

La sangría debe ser preparada con vino joven y fresco, y tiene por gracia la antelación y el reposo que requiere su apropiada preparación: se deberá echar mano a toda fruta jugosa de estación, pelarla, si así se prefiere, y cortarla pacientemente en cubitos, para luego dejarla macerar en el vino, el cual adquirirá de esta manera los sabores y matices de los elementos frutales. Se le pueden inclusive adicionar medio litro de zumo de naranja y el zumo de un limónSu dulzura, bien dosificada, hará milagros: limará las asperezas del comienzo de función, borrará el temor al ridículo y el pánico escénico y entonará a los actores para que todo les importe un poco menos.




Otra verdad de lesa humanidad con respecto a las reuniones navideñas es que cuando los vivos se juntan, siempre conjuran a los muertos, y el efecto de invocarlos puede resultar explosivo. La Navidad es la fiesta del nacimiento por paronomasia. Sin embargo, son los muertos quienes vienen a habitarla con mayor comodidad. Es casi inevitable recordar a los que se han ido, los lugares que ocupaban a la mesa, las comidas que favorecían o las que aborrecían, y otro número de características que los suelen evocar de manera ligera aunque no siempre favorable. Como siempre, no falta el vivo de buena memoria, listo para poner al muerto en su lugar, lo cual suele causarle un soponcio, un desvanecimiento, una flojera o un histeriqueo a quien se siente tocado por la poco sacro santa y cruel verdad. Es entonces cuando se arman los líos, ya que algunos, simplemente para des-dramatizar y pasar a las entradas, osamos asumir el rol de críticos o de jueces de una vida que la muerte se ha encargado de elevar a un pedestal. Este es el preciso momento en el que hago uso y abuso de una receta que heredé de mis ancestros portugueses adquiridos por vía política: Cóctel de Porto. Estos portugueses, a quienes nunca he conocido y por tanto, nunca he juzgado, ni bien ni mal, escaparon de su tierra por hambre, igual que mis ancestros asturianos y gallegos, y me han hecho el regalo más nutricio que jamás he recibido. Aquí les facilito la receta:

*Cóctel de Porto

*1 copita de vino Oporto
*2 cdas. de coñac
*2 cdas. de cointreau
*Unas gotas lima
*Hielo picado


Preparación:


*Poner todos los ingredientes en una coctelera.

*Mezclar bien, colar y servir de inmediato la bebida.


*Si se prefiere se le puede poner algún endulzante, pero yo ni me molestaría: el oporto es uno de los licorosos con mayor cantidad de calorías, aunque no hay con qué darle por el lado del sabor.

Efectos esperables en dosis razonables:

*Alegría cuasi navideña, risas y buenos recuerdos, hasta de los muertos...




***Un aside sobre el menú: 


Es posible que en este momento de la noche nos asalten serias dudas como anfitriones acerca del éxito del menú, ya que algún familiar podría llegar a hacernos notar que es un tanto inadecuado para su gusto, aunque lo más probable es que hayamos incluido en él esos platos típicos que conforman el repertorio de las Fiestas en nuestra tierra y que inexplicablemente comemos una sola vez al año. Observaciones gastronómicas triviales acerca de nuestras elecciones de comidas podrían llevar fácilmente a una pelotera. Paso a ilustrar: en toda mesa argentina que se precie, debe haber Vitel Toné para estas Fiestas, simplemente porque así lo dictaminan las madres y las suegras. Se trata de un plato de tradición italiana, y su nombre viene de la frase “vittello tonnato”, o “ternera atunada”. El Vitel Toné lleva una salsa con una combinación de atún, yema de huevo, anchoas, alcaparras y mayonesa. De nada sirve razonar con respecto a la escasa practicidad de incluirlo como opción en el menú familiar, debido a factores múltiples que no está mal tomar en cuenta: la posibilidad de cortes de luz en esta época, que afectarían la frescura de los ingredientes, el alto costo del peceto y la alcaparra en estas fechas de enorme demanda, lo poco que este platillo les gustará a los niños y los jóvenes presentes, debido a sus notas ácidas, o simplemente el hecho de que tal vez nuestra familia no tenga nada de italiana... Asumamos que, en afán de complacer, nos hemos esmerado y lo hemos preparado. En el preciso instante en que Usted sirve el Vitel, y su suegro le retruque: "Para mí no hay nada como un buen asado", o que su padre sentencie que los sándwiches especiales de Vitel Toné que su marido laboriosamente ha preparado no califican como "comida", le recomiendo que refuerce su autoestima y su ansia de aceptación con este trago solitario:




*Shot de tequila en solitario:

*Lama la piel entre su dedo índice y su pulgar en la parte reversa de su mano al mejor estilo Pancho Villa.

*Póngase un poco de sal en el área. La saliva y los nervios del crítico momento ayudarán a que se pegue.

*Sostenga una rodaja de limón entre su pulgar y su dedo índice, los de la mano donde ha quedado la sal.

*Exhale profundo, lama la sal,  muerda el limón y tómese el shot de buen tequila de un solo trago, inclinando la cabeza hacia atrás. Luego diríjase hacia la mesa con los platos que había preparado y comprobará que los comentarios sobre el menú ya no le afectarán en lo más mínimo.


Hasta aquí, los preliminares de la comida de Nochevieja propiamente dicha. 







Continuará...


A boca de jarro

martes, 20 de diciembre de 2016

Una mujer sola en Navidad

 (Basado en hechos reales)


Una mujer en la barra de un bar
es casi como un acto de desnudo:
un espectáculo digno de admirar
para todo solitario empedernido,
una buena invitación a adivinar
qué será lo que hasta esto la ha traído.

Una mujer sola, oscura, en un bar

entre algunos borrachos sin sentido
tiene más que una pena que olvidar,
el dolor que le causa algún descuido;
su presencia se hace afrenta popular,
sentada y desarmada, casi un alarido.

El barman, atractivo y singular,
iniciado en las artes celestiales del batido,
el veneno indicado ha de mezclar
siendo su fuerte el pasar inadvertido.
- Señora, dígame ¿qué va a tomar?
Imagino que lo querrá Usted helado...


 - Si fueras yo, ¿qué elegirías tomar,
si es que no quisieras darte por vencido
en tu objetivo de la Navidad saltear?
 Que sea algo bien fuerte y bien servido,
     algo que al menos me haga olvidar 
que en casa hay un pavo esperando ser horneado...



¡Felicidades!

Les desea

A boca de jarro

jueves, 1 de diciembre de 2016

Un encuentro casual





Un encuentro casual
¿quién lo diría?
Después de tantos años sin vos, 
de tanta vida, 
no pensaba que
mis piernas temblarían
perdiendo su control del taconeo,
ni que me haría agua en el deseo
de tus manos tan cerca de las mías,
manos de infiel varón, inalcanzables,
manos de mariposa trepidante
que alguna vez volaron mi alegría
condenándome al exilio, a la deriva.

Menos mal que 
me invitaste a tomar algo,
que pude hablar del tiempo,
de esta loca ciudad, que pude sonreírme,
que el café logró ponerme un tanto sobria
y sacó algo coherente de mi boca,
que no te diste cuenta de 
que ardía embriagada en tu voz
justo cuando, debajo de la mesa,
tu pie palpó levemente
mi cordura de mujer que, se supone,
ya tiene todo bien resuelto
en estos frentes... 

Por un momento
temí ahogarme en el café caliente de tus ojos,
temí ser descubierta en lo indebido
 de soñarte despierta tanto tiempo,
temí que ni la excusa de lo tarde que se hizo
me salvara del deber de la partida,
que ni el bullicio del bar me silenciara:
temí que a plena luz del día, 
 sin anestesia ni alicientes,
sin importarme tu alianza de casado
ni la mía, por fin te gritaría
a viva voz, que, aunque no lo merezcas,
al olvido yo nunca te he librado.




A boca de jarro

IBSN

IBSN

© de todos los textos: María Fernanda Paz. Todos los derechos reservados.

© de todos los textos: María Fernanda Paz. Todos los derechos reservados.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Vasija de barro

Vasija de barro

"Yo quiero que a mi me entierren
Como a mis antepasados,
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro.

Cuando la vida se pierda
Tras una cortina de años,
Vivirán a flor de tiempos
Amores y desengaños.
Arcilla cocida y dura,
Alma de verdes collados,
Barro y sangre de mis hombres,
Sol de mis antepasados.

De ti nací y a ti vuelvo,
Arcilla, vaso de barro,

Con mi muerte vuelvo a ti,
A tu polvo enamorado."