domingo, 13 de marzo de 2016

La guerra de los zapatos

    


    No existen guerras más fieras que las domésticas, esas que no figuran en los libros de historia, y no hay guerras más cruentas que las que se libran contra una misma. Sacudida como pocas veces antes, me he pasado días cavilando sobre el botín de la guerra de los zapatos, una lucha territorial que concluyó hace unos días dentro de las paredes de mi reino, y que siento el deber de dejar debidamente asentada en los anales de mi propia historia.



Sucedió, en uno de esos días en los que mis hormonas me dan batalla todavía, que me encontré con una pila de zapatos y zapatillas refugiados en el garaje de casa. Cómo habían ido a parar ahí, con zapateros mudados de los placares y todo, es una cuestión que me supera, pero allí estaban, mirándome desde sus ennegrecidas suelas y sacándome la lengüeta, desafiandome para que los regresara a la tierra prometida, porque como digo siempre y ya todos por aquí saben, "Si no lo hago yo, no lo hace nadie". 









Antes de poner manos a la obra, que implicaba unas cuantas escaladas al primer piso, fui a fijarme si había moros en la costa en el lugar de los zapatos dentro de los placares de los dormitorios. Como suele suceder al acometer estas empresas, el sitio había sido tomado por cajas y cajas de zapatos en desuso, que resultaron ser todos míos al abrirlas: clásicos, de fiesta, guillerminas con taco, de pulsera, abotinados, de gamuza, hasta los que me llevaron al altar, blancos de taco y plataforma, y que jamás usé para otra cosa... A pesar de que me considero un soldado del orden bastante sensato y eficiente, esta vez la táctica me había fallado, debía empezar por admitirlo. Perdí un precioso tiempo probando cada par y enganchándome en un monólogo interno que en nada ayudó a despejar el área o a aquietar las aguas de mi irritabilidad.

- Sí, estos en otra vida, nena. Muy apropiados para andar en colectivo o para ir al súper.... ¿Pero cuántas veces me los habré puesto? ¡Cuánta guita tirada, Dios mío!







Se acercaba el mediodía, hora en la que suelo batallar con ollas y sartenes desde las trincheras de la cocina, con todos los demás flancos ya despejados - una guerra cotidiana que jamás se acaba. La pila de zapatos seguía apostada sobre un lateral del garaje, mientras yo sacaba unos y calzaba otros de los míos en el piso de arriba sin poder vencer el poder de fascinación que esos desgraciados ejercen sobre lo más frívolo y vulnerable de mi alma de mujer. Decidí dejar la movida estratégica para la tarde y atender la embestida inminente de las tropas a la hora del almuerzo.

Habiendo cumplido con la misión diurna, subí las escaleras de brazos caídos y portando bandera blanca. No pensaba tirar ni donar ni desprenderme de aquellos zapatos de ninguna manera, aun consciente de que tal vez nunca los calzaría, pero si habían sobrevivido, merecían una decorosa tregua. No haría con ellos lo que sí hice con muchos de mis libros, en los que, creía, iba a encontrar todas las respuestas a todas mis muchas preguntas vitales y la llave de todas las puertas que alguna vez soñé con abrir. Había por fin aprendido y asumido que todas las respuestas y todas las llaves sólo se encuentran a pie y descalza.


Así es como finalmente capitulo, alivianada, ante la guerra de los zapatos. Me bajo de los tacos y elijo caminar mis días desde el llano de mis ojotas, unas cómodas zapatillas, un par de botas de lluvia, unas sandalias planas o simplemente un par de chatas, pero conste que los conservo como lo que son: rehenes cautivos secuestrados por todas esas mujeres que alguna vez pugné por encarnar en el frente del espejo, el botín de todas las luchas ganadas en la guerra que ellas le declararon a quien en verdad soy, esa larga y fútil batalla que he luchado tanto tiempo por ser otra, distinta y distinguida, más alta, más adecuada, más apetecible, menos pedestre. Otra yo. Una que calce más alto, una que pise más fuerte, otra, sin miedo a las alturas.







A boca de jarro

44 comentarios:

  1. Aysss!, Maria Paz, me ha parecido fascinante esta guerra de zapatos q has tenido, ese aprendizaje q te han aportado queriendo ser otra, q no tu y te ha traído hasta aquí, con cómodas zapatillas, sencillas. ¡Al fin, tú!
    Un fuerte abrazo.

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  2. MIro a las mujeres y siento que son mucho más sexys las que van sin tacones de ningún tipo. No sé si es algo que viene con la moda o algo que efectivamente siento yo. ¡Qué espanto cuando veo a las mujeres famosas que deben encarnar a ese personaje a que están obligadas y tienen que ir con inmensos tacones! No me gustan y a la vez siento la esclavitud de la moda y de la necesidad de representar un papel en el mundo de los hombres y de las mujeres. Yo no tengo zapatos más que los que llevo puestos, unas bambas que me compró mi mujer. Tengo poco más, pero sé de la carga de fetichismo que tiene para muchas mujeres el ropero y la sección de zapatos. La mujer del dictador Ferdinand Marcos, cuando fue derrocado, tenía ella, Imelda, más de dos mil pares de zapatos, fruto de la explotación del pueblo filipino. No lo puedo entender, pero es así. Dicen que el pie es una zona muy erótica, debe ser eso.

    Un abrazo, Fer.

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    1. Lo que mencionas acerca de la debilidad de muchos por los pies es algo que me resulta muy interesante. De hecho, he estado averiguando al respecto, y además estoy leyendo a una autora nicaragüense, Gioconda Belli, quien alguna vez formó parte de un partido feminista llamado PIE: Partido de la Izquierda Erótica. A raíz de esa vivencia, escribió, años después, "El país de las mujeres", una novela inverosímil pero llena de alusiones más que atendibles a la desigualdad entre hombres y mujeres que me ha gustado mucho por su estilo. Me acaban de prestar otra novela de la misma autora en la que se plantea la seducción a través del pie de la protagonista. Así es que no descarto la posibilidad de terminar escribiendo algo al respecto.

      Un abrazo y muchas gracias por tu aporte, Joselu.

      Fer

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  3. Totalmente identificada, todavía conservo zapatos de hace un montón de años y como están nuevos me da pena deshacerme de ellos. En la última mudanza por falta de sitio más que nada y por no ponérmelos ya, ate todas las cajas y los puse al lado de los contenedores para que les sirvieran a alguien y se los llevaron, pero eso si antes me los probé todos por si acaso.

    Muy bueno Fer

    Besazooo mafar

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    1. Me alegra que te hayas sentido identificada y que te haya gustado, amiga. Muchas gracias!

      Besos.

      Fer

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  4. Eso de los zapatos debe de ser una lacra para las mujeres caprichosas que e ven bien sobre unos o calzando otros. nos pasa lo mismo a los hombres, en menor medida quizá, pero también juntamos unos cuantos pares. Que si las playeras y las deportivas, los mocasines los de cordones, las zapatillas de casa y las gastadas para hacer las ñapas de la casa.¡En fin! una auténtica batalla que tenemos perdida e antemano. Pero tengamos fe en que nunca se rebelen los zapatos, pues nos podrían pisotear de manera desaprobatoria si sospecharan que pretendemos desprendernos de ellos.
    Besos compañera.

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    1. Tengamos fe en que nunca nos ganarán la batalla, Francisco.

      Besos y gracias!

      Fer

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  5. Un tema desconocido para mí, pero que parece ciertamente interesante !

    Saludos

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    1. Doblemente agradecida por tu interés, Mark.

      Un abrazo.

      Fer

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  6. Me has hecho sonreír con tu particular guerra. Y que te conste que yo también libro las mías con cualquier objeto, aunque la cocina se lleva la palma.
    Un beso muy grande, Fer, y gracias por el buen rato que me has hecho pasar.

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    1. La tuya es una sonrisa que me huele a una complicidad que se aprecia y se agradece, Isabel.

      ¡Muchísimas gracias a ti, por tu lectura y tu presencia! Un beso.

      Fer

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  7. Me parece de maravilla que no te hayas deshecho de ellos, Fer, porque los consideras parte de tu historia, de tu aprendizaje vital. Para mí comprar zapatos es una tortura, porque tengo los pies delicadísimos, así que me compro siempre zapatos con cuña bajita y, cuando los destrozo, a la basura. Al menos me evito tener que pensar dónde los meto, con lo pequeñita que es mi casa :)
    Un beso enorme, Fer.

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    1. Yo también soy de pies muy delicados. Casi todos los zapatos nuevos que me calzo me hacen ver las estrellas, hasta que por fin los ablando. Debería implementar tu estrategia, Chari.

      Muchas gracias y muchos besos!

      Fer

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  8. En su día escribí sobre los zapatos. Me vas a permitir que me apropie de este espacio para reproducirlo:

    "La belleza de la mujer se realza con los zapatos de tacón. Y como consecuencia directa, la sexualidad se beneficia de ello. Hay voces más autorizadas que la mía y por eso citaré tres textos sacados de aquí y de allá que pueden avivar el debate:

    A).- “Algo de fetichismo hay en los gustos por las mujeres rubias o las de piernas torneadas y con mirada lánguida, o las morenas bajitas con aire de mujer fatal; o las mujeres que usan botas de cuero o zapatos con tacón de aguja, o con portaligas o con determinado corpiño, y a todas esas características les atribuimos la posibilidad del placer. Esto tiene que ver con una cultura que parcializa el cuerpo femenino, confundiendo la parte con el todo: si tiene mejores nalgas será más ardiente, si posee senos prominentes nos deparará, seguro, mayor felicidad en el lecho. Freud nos habla en estos casos de "una sustitución inapropiada del objeto sexual donde la meta normal está reemplazada por algo que guarda relación con ella”.

    B).- “Los científicos han descubierto que los zapatos de tacón - culpable de las fracturas por estrés y de dolor en las articulaciones - pueden aportar algunos beneficios para la salud.

    .Maria Cerruto, uróloga de la Universidad de Verona, quien encabezó el estudio, dijo que ella llevó a cabo sus investigaciones para desterrar falsas creencias, sin fundamento científico, que relacionan el uso de tacones de aguja con el desarrollo de distintas patologías, entre ellas la esquizofrenia.
    ."Como una mujer que ama a los zapatos de tacón, traté de encontrar algo saludable en los mismos, confiesa Cerruto". "Y al final logré mi objetivo: los tacones afectan a la actividad del suelo pélvico reduciendo el dolor y mejorando la salud sexual", afirma. Ahora intenta demostrar que utilizarlos a diario puede reducir la necesidad de hace ejercicios pélvicos.
    .Los tacones han estado de moda desde hace más de cuatro siglos, pero en los últimos 50 años se les han atribuido una variedad de problemas de salud como los juanetes, las fracturas por estrés, el dolor de rodilla o un mayor riesgo de padecer artritis.
    .En el estudio que se publicó en la revista European Urology participaron 66 voluntarias con una edad inferior a 50 años en las que se probaron diferentes inclinaciones de sus talones para mesurar la actividad eléctrica de los músculos pélvico. Se encontró que aquellas que mantenían su talón a 15 grados del suelo -el equivalente a un tacón de siete centímetros- mostraron una menor actividad eléctrica. Y esto sugiere que cuando las mujeres llevan tacones altos los músculos pélvicos están más relajados, aumentan su fuerza y capacidad de contracción.”

    (Sólo cito este fragmento de una investigación harto conocida y que se halla colgada en la red en multitud de publicaciones)


    C).- María Esther Espinosa Calderón: “Los hay de diferentes modelos e infinidad de marcas, de diversas alturas, adornados con piedras preciosas o de fantasía, de piel o de material sintético. Estrechos, anchos, de plataforma, fabricados para todos los gustos, los zapatos de tacón encierran un simbolismo erótico y a la vez son parte de los estereotipos de “feminidad” que se le han impuesto a las mujeres, y un peligro para su salud.

    Dicen que los tacones realzan la belleza y elegancia de las piernas femeninas o como canta la banda popular: “con zapatos de tacón las nenas se ven mejor que con zapatos de piso”. Posiblemente por eso los usan las sexoservidoras a las que se les ha llamado “las del tacón dorado”. También los usó la “Penélope” de Joan Manuel Serrat en la eterna espera del retorno del amante: “con sus zapatitos de tacón, sentada en la estación”. Las que modelan trajes de baño se equilibran en las pasarelas sobre zapatos con tacón de aguja, aunque en la arena no se usen, y las artistas porno se desprenden de todas sus prendas menos de sus vistosos y altos tacones.”

    Un abrazo, Fer

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    1. Interesantísimo tu aporte, Luis Antonio. Veo que eres un experto en la materia. Yo creo que es indudable que unos buenos tacos son beneficiosos estéticamente, incluso lo son para la líbido, pero tengo mis serias reservas con respecto a los beneficios fisiológicos de los mismos. Y en esto creo que ni los expertos se han puesto de acuerdo. Ayer mismo salió en La Nación una nota que habla de los riesgos y los perjuicios de llevar tacos altos y plataforma para las damas. De todas formas, de acuerdo a lo que sé, el problema para la salud se presenta cuando el taco deja de ser anatómico, es decir, cuando eleva el talón muy por encima del ras del piso y hace que el pie no apoye de manera natural. Por eso es que se ha impuesto el taco corrido o taco chino como opción elegante al stiletto, que es realmente un verdadero asesino, ya que te fuerza a caminar como si fueras en puntas de pie todo el tiempo. Mi podólogo siempre me dice que debería escoger zapatos con una base liviana y aireada que sirva como colchón para los pies, y siempre me reta cuando me ve en ojotas o chatitas por considerarlas poco beneficiosas, al igual que los tacos muy altos. Como ves, y como pasa con tantas otras cosas, los extremos no son buenos en cuestiones de calzado femenino.

      Te agradezco enormemente el aporte y te mando un beso grande.

      Fer

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  9. Ainssss no sé por qué los zapatos ejercen esa fascinación en la mayoría de nosotras...

    Qué relato tan original y sin embargo tan cotidiano, qué bien te he entendido y cuán reflejada me he visto en tus disquisiones y decisiones "de guerra". Has peleado, Fer, que es lo importante; ahora a disfrutar de tus rehenes!! jajajajja.

    Genial, me ha encantado :))

    Un beso grande y feliz comienzo de semana!!

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    1. Me alegra sentirme entendida en estas cuestiones que a veces pueden llegar a parecer frívolas, Julia. Agradezco tu lectura y tus palabras. Buena semana.

      Besos!

      Fer

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  10. Cajas de zapatos. En la única mudanza que he hecho en mi vida al contenedor se fueron todas mis reliquias. Qué hago con las cajas del pasillo? Esas son para la basura. Y entre ellas estaba mi tesoro, que para mi sorpresa tampoco eché tanto en falta. Seguramente estaba en una de esas etapas minimalistas en las que aligero el equipaje.
    Cómo me ha gustado leerte!

    Un beso

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    1. Son muy sanadoras esas etapas en las que aligeramos el equipaje, ¿no es cierto? Muchas gracias por tu visita, Josela, y por tus cálidas palabras.

      Un beso grande.

      Fer

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  11. Un relato muy original, excelente, como protagonista los zapatos, los que nos ayudan a ir por todo terreno, los zapatos están llenos de recuerdos deberíamos cuidarlos igual que cuidamos nuestro pasos, ya que sin ellos seria imposible, jejeje...muy bueno Mary Paz.
    Un abrazo y feliz lunes.

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    1. Me alegro que te haya gustado, Carmen. Muchísimas gracias.

      Un abrazo de lunes ;)!

      Fer

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  12. Es una batalla perdida, al menos en mi caso. En alguna ocasión hemos quedado en tablas, por decirlo de alguna manera...he dejado los sempiternos que me hacen viajar hacia esas otras que fui y me gustaban y he terminado por regalar los que me resultaron fascinantes, me sedujeron mucho y luego me dañaron, jajajaja
    La comodidad es la que viaja ahora y casi siempre-aún tengo lapsos de enorme coquetería-en mis pies.
    Muy bueno, Fer.
    Besos.

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    1. No te voy a decir que para un evento especial o una noche en el teatro no me los calzo, porque mentiría, Marinel. Pero el día el día de mi vida no da para tacones, y sucede que hay más tacos guardados que días en la semana o salidas en un mes, ¡ja,ja! Muchas gracias por tu sincero aporte.

      Besos!

      Fer

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  13. Hola. totalmente de acuerdo con tu reflexión. Era una adicta a los zapatos y me pasaba el día subida a unos tacones. Supongo que a medida que cumplía años me bajaba de los tacones y me armé de valor para reglar los zapatos que se acumulaban en mi armario... Hoy en día apuesto por la sencillez y comodidad... Acabo de descubrir tu blog y me gusta mucho la variedad de temas que tratas. También la imagen principal de tu blog, el cuadro de Dalí de la 'Muchacha en la ventana' es mi favorito. Me encanta ese estilo realista de los primeros años de Dalí. Es muy sugerente... En este momento tengo un blog dedicado a los jóvenes y Educación que te invito a visitarlo: http://cativodixital.blogspot.com.es/ . Si quieres seguimos en contacto. Yo ya me hice seguidora de tu blog.

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    1. Muchas gracias por tu visita y tu aporte, Marta.

      Un saludo!

      Fer

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  14. Jajaja los zapatos se han convertido en una seña de identidad. Si llevas tacones eres más glamurosa (en mi caso más patosa) si usas zapato militar te has masculinizado, y si bla, bla, bla... Hace tiempo me aclaré con mi zapatero: plano y cómodo.
    Ya sabes mi opinión sobre el texto: sobresaliente :))
    Un abrazo.

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    1. Me encantó tu autodefinición de cuando llevas tacos: "patosa". Muy buena!!! Te agradezco mucho la presencia, Marybel.

      Un beso!

      Fer

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  15. Ayer escribí mucho y largo sobre mis zapatos y ahora no veo nada de mi comentario , que raro. Un abrazo

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    1. A mí no me ha entrado ningún otro comentario tuyo, Mamen. Lamento que se haya perdido. Te mando un beso grande y te agradezco el haber vuelto.

      Fer

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  16. Muy buen escrito, María Fer, en realidad me fascinan los zapatos pero soy de las que amo mis zapatos viejos. Son como esos amores que te han acompañado toda la vida "conocen de que pie cojeas" y te siguen amando. Cariños.

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    1. Si nuestros zapatos hablaran ;)!!! Muchas gracias, María Eugenia.

      Cariños!

      Fer

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  17. Qué bien expresas la transformación que nos dan unos zapatos. Siempre he pensado que, de todos los complementos, el zapato es el que da el toque más especial. Si es plano da informalidad, un tacón fino y alto, elegancia (y dolor de pies en mi caso), si tiene un tacón medio y algo ancho, comodidad, etc, etc.
    A mí también me resulta muy difícil deshacerme de los zapatos que ya no uso, los guardo "por si acaso" y se tiran años y años en una caja ocupando sitio y criando polvo.
    Fenomenal entrada, Fer, me ha gustado mucho. He decidido quedarme por aquí.
    Un beso.

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    1. Y dolor de pies también en mi caso, Kirke, definitivamente, ja,ja!!! Muchas gracias por venir, por comentar y por quedarte.

      Un beso grande!

      Fer

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  18. Pues sí estoy de acuerdo que los zapatos, son especiales y no acabo de entenderlo pero sí...se hacen un hueco en el armario, y a veces como, yo tampoco los tiro por si acaso, ocupan un enorme lugar en mi armario.
    Un saludo

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    1. Muchas gracias por tu aporte, Conxita.

      Un saludo!

      Fer

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  19. Saludos María, tu artículo y narración espectacular como siempre. La verdad cada uno tendrá esa batalla a su manera, yo por lo menos no me doy mala vida con los zapatos, cero tacón que acaba con mis pies, lo mío es la comodidad, pero tengo que decir que tengo debilidad por ser un poco más altita, quizá esa otra que mencionas en tu narración, la que yo busco es una de unos 5 cm más de altura pero en unos zapatos cómodos, las botas de plataformas han sido mi solución, me convierten en esa otra más altita que me agrada mucho ;). De hecho llegué a tener cuatro pares del mismo tipo jeje. Gracias por tu divertida e interesante narración de esa lucha tan de muchas y quizá muchos también. Éxitos y bendiciones!

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    1. A mí también me habría gustado que Dios me regalara 5 centímetros más de altura, Mery, aunque dicen que lo bueno viene en frasco chico ;)! Muchas gracias, éxitos y bendiciones para ti también.

      Fer

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  20. Fer cuanto tiempo sin leerte,y hoy vengo de visita, sacudiéndome la pereza y la desgana y me encuentro con este bonito texto,y me he sonreído, porque yo acabo de librar esa batalla con mis zapatos, pero en este caso, ellos han perdido...botas, botines, sandalias, zapatos de fiesta que llevaban años en cajas, esperando el momento de ser usados, han ido a parar a una asociación humanitaria, no sé si servirán para calzar Cenicientas en otro país,
    y cuanto a los libros estan todos organizados en cajas, unos con la letra P, de prescindibles, y otros con la letra I, de importantes...cuando acabe la mudanza y me instale en mi nueva casa, pensaré que hago con ellos...quizá donarlos a la biblioteca de mi pueblo, por si un día quiero volver a perderme en esas páginas, tener la opción de hacerlo...
    no me ha causado dolor desprenderme de los zapatos, pero se me parte el alma, al decir adiós a mis libros.
    Espero que todo este bien en tu vida, y ya sabes siempre pisando fuerte, aunque sea descalza.
    Un abrazo

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    1. Julia: es siempre un placer recibir tu visita, sobre cuando ha pasado tanto tiempo sin saber nada de ti. Espero que todo se vaya poniendo en orden en tu casa y en tu vida. Muchas gracias.

      Un abrazo!

      Fer

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  21. No desconozco las luchas de las mujeres por intentar seguir siendo lo que algún día quisieron ser a través de esos objetos mágicos que ponen a su disposición los rectores de la moda. Sé de esa necesidad de recuperar el pasado a través de un viejo vestido o de un par de zapatos, algo que los varones no sufrimos con tal intensidad aunque también sufrimos. Por ejemplo, a mí me pasa con un viejo polo Lacoste que ha superado los 30 veranos.
    Creo que ese enlace con el pasado es más real que las construcciones libidinosas masculinas que relacionen sexo y calzado.
    Te veo pues como eficiente Cenicienta y entiendo quizás el dolor de desprenderse del calzado como una forma de desprenderse de una persona que crees que ya no eres.

    Un abrazo

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    1. Es claro que sí nos conoces bien, amigo Krapp. Sigues siendo el mejor doctor de almas que me viene a visitar a mi casita virtual ;)!

      Un beso y gracias.

      Fer

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  22. Me ha parecido que la peor guerra es la que antes tuviste cuando esos zapatos todavía te mantenían rehén de sus caprichosas promesas y sueños imposibles. Aunque lo pasaras fatal queriendo sacarle tú también tu lengua a esa pila de zapatos retándote ...je,je,je lo bueno es que por fin después de acabar tus tareas domésticas y que tu "tropa familiar" comiera tranquila, ya subieras a esa primera planta dispuesta a rematar la faena como los buenos toreros ...je,je,je pero sin estoque ni espada, únicamente tu decisión de mandarlos a dormir la mona un tiempo ...je,je,je y mirarlos ya con indiferencia ¡qué bueno!
    En mi caso no almaceno zapatos, más bien los conservo en buen uso los que tengo, además me gusta el zapato cómodo y no muy alto.

    Un besote y ¡feliz semana!

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    Respuestas
    1. Tienes razón: las peores guerras ya han pasado. Ahora estoy más bien en plan de treguas.

      Un besote y muchísimas gracias, Estrella. Buena semana para ti también.

      Fer

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© de todos los textos: María Fernanda Paz. Todos los derechos reservados.

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Vasija de barro

Vasija de barro

"Yo quiero que a mi me entierren
Como a mis antepasados,
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro.

Cuando la vida se pierda
Tras una cortina de años,
Vivirán a flor de tiempos
Amores y desengaños.
Arcilla cocida y dura,
Alma de verdes collados,
Barro y sangre de mis hombres,
Sol de mis antepasados.

De ti nací y a ti vuelvo,
Arcilla, vaso de barro,

Con mi muerte vuelvo a ti,
A tu polvo enamorado."