miércoles, 15 de julio de 2015

El día que conocí a Borges



Goyo había caído enfermo y andaba como un preso castigado deambulando a paso lento por la casa. Una hepatitis. Ni ganas de leer le quedaban al pobre después de varios días de fiebre alta, con un calor de perros y la invisible explosión de cohetes en el pesado aire. Su hermano más chico, Mariano, y su madre vagabundeaban por Adrogué sin saber bien qué hacer para llenar las horas de aquel interminable día del mes de diciembre que pasaría a lo más alto de los anaqueles de la historia familiar en la casona donde habían nacido cinco varones y donde se aburrían unos a otros con ahínco a diario: sólo los libros los salvaban. Y rompió aquella calma chicha el timbre. Corriendo fue el menor de los cinco a espiar por la cerradura para ver si era el cartero que traía alguna tarjeta navideña de los parientes de la provincia, pero no. Era un viejo con un ojo medio revirado, y entonces, como le habían dicho un millón de veces, no abrió la puerta para ver qué se le ofrecía al extraño señor de cabello engominado. Pero el señor insistió con otro timbrazo y suaves golpecitos de su bastón sobre el portón del frente, la curiosidad infantil le ganó la pulseada a la prudencia de las órdenes maternas y se entornó la pesada puerta blanca:

-Sí señor, dígame, ¿qué se le ofrece?

-Vengo a visitar a Goyo. Soy Jorge Luis Borges. Seguro Goyo ha de ser tu hermano mayor. Él concursó en televisión contestando preguntas acerca de mis libros en ese programa tan afamado, Odol pregunta. Allí lo conocí y he venido a verlo. ¿Se encuentra tu madre para explicarle?

Volando fue Mariano a llamar a la madre, que se había tirado un rato sobre un sillón a la fresca en la sala de lectura con un libro y una taza de té helado. A la mera mención del nombre que hasta Mariano, con sus cinco añitos, conocía bien, nombre que figuraba en varios libros que habitaban la casa y que le había dado a su hermano mayor el dinero tan ansiado para comprarse ese caballo tan deseado, a la madre se le cayó la taza de la mano.

-¿Borges? ¿Borges, acá en la puerta, decís? ¿Estás seguro, Mariano? A ver, dejame ver.

Y era Borges nomás. Con su bastón de dandy porteño, un traje clarito y liviano y zapatos al tono. Colgando del dedo índice de la mano que no asía el bastón traía un paquete de macitas de la confitería Las Delicias atado con una cinta riboné color amarilla, como si portara una bandera que anunciaba que venía en son de paz y que este general de ciegas guerras con las palabras era el elegido heraldo de la visible y luminosa insignia de quien se había bajado del caballo al que nunca se había subido ni se subiría jamás.

La madre se sonrió y se arregló disimuladamente la blusa que llevaba medio desprendida en la penumbra del zaguán.

- ¡Ay, pero qué sorpresa tan inesperada, qué alegría, qué honor! Pase, Maestro, por favor. Goyito está en cama ahora. Se pescó una hepatitis los últimos días de clase y anduvo con fiebre alta por estos días. Pero pase, por favor, póngase cómodo, siéntase como en su casa, faltaría más. Tome asiento. Un momentito que lo voy a llamar.

Un risueño y entrador Borges insistió en que no se molestara a Goyo ya que no le convenía salir de la cama, que él subiría a su dormitorio, siempre y cuando le pareciera bien a la madre, y charlaría un rato con el pibe para no importunar. La madre se le quedó mirando: no podía creer que el tipo fuese tan sencillo, tan ubicado, y que, encima, tan elegante y tan bien puesto, se fuese a meter al nido de caranchos en el que se debía haber convertido la pieza de Goyo luego de que ella la aseara debidamente esa misma mañana. Se le ocurrió ofrecerse a llevar una bandeja para tomar el té arriba y así obviar la vergüenza que le iba a causar la entrada triunfal del Maestro.

-¡Estupendo!- exclamó Borges - Un buen té para acompañar estas masitas que he traído, pero qué gran idea. Aquí tiene, señora.

Y subieron por la escalera, con las masitas colgando del índice materno diestro ahora, el que mostraba el obvio camino ascendente. Con la otra mano, la madre tocó a la puerta, y Goyo preguntó con vozarrón de pocos amigos qué quería la vieja.

-Acá te vino a visitar Don Jorge Luis Borges, Goyito.

El pibe saltó de la cama y abrió la puerta de un zaque, sin disimular su excitación y sintiéndose totalmente repuesto. Era como ganar el Odol de nuevo, como sacarse la grande, qué se yo, era descomunal, un íntimo deseo jamás expresado pero al fin cumplido: ¡Borges vino al pie, a verme a mi casa de Adrogué! Tanto sabía de los pormenores de sus escritos, de su vida, tantas respuestas correctas que había respondido en la tele "con seguridad" en su "Minuto Odol en el aire", y ahora, por fin, lo tenía para él solo, sentado en la silla al lado de su cama donde había practicado en voz alta y soledad tantas veces para concursar en la tele.




Charlaron de bueyes perdidos, de Adrogué, del colegio de Goyo, de sus planes de hacerse médico y luego viajar. Borges le relató algunas anécdotas de sus viajes, de la casa de Palermo, de su infancia, de sus veranos en ese laberinto amado, arbolado y circular que es Adrogué, perfumado de eucaliptos y suspendido en el silbido de las casuarinas en el viento de la tarde. En eso irrumpió la madre con la bandeja paqueta y las tazas heredadas que se reservan en todo hogar que se precie de tal para las visitas. Se le dio debida apertura al paquete de masas secas y se procedió a la ceremonia sajona que la madre de Goyo conocía bien, por ser de ascendencia irlandesa, la ceremonia del "five o'clock tea" en pleno verano porteño, como si tal cosa.

Fue Borges quien rompió el hielo que no se derretía ni bajo el enorme ventilador de pie de la pieza de Goyo con su recuerdo perenne de su propia madre, quien le había legado ese gusto por el té inglés y por las buenas canciones irlandesas.

-¿Y cuál era su favorita, Don Borges? Le pregunto porque mi mamá me cantaba siempre una que dice más o menos así, a ver si la conoce Usted, y disculpe si no entono del todo afinado:

"Oh Danny Boy, 
The pipes, the pipes are calling 
From glen to glen, and down the mountainside. 
 The summer's gone, and all the roses falling. 
 ´Tis you, 'tis you, must go and I must bide. 

-Pero, caramba, Señora mía, ¿cómo no la voy a conocer?

Y se pusieron a canturrear juntos, entre lagrimones, la madre, Borges y Goyo, extasiado ya de tantas masitas para el cuerpo y para un alma que grabaría este momento a fuego en su memoria:

"But come ye back 
When summer's in the meadow 
 Or when the valley's hushed and white with snow, 
 ´Tis I'll be here in sunshine or in shadow. 
 Oh Danny Boy, Oh Danny Boy, I love you so."




"Sólo una cosa no hay. Es el olvido."


"Everness", El otro y el mismo, Jorge Luis Borges, 1964






"OH DANNY BOY" - A CELTIC SONG, AS IT SHOULD BE, 

by Trio Canig (Welsh Vocal Trio)



A boca de jarro

14 comentarios:

  1. Deliciosa anécdota. Borges era mucho Borges en todo; en sus anécdotas, su humanidad y su inteligencia. Ah! y también su capacidad sin igual para cargarse una reputación con una frase más afilada que un bisturí jejeje.
    Muy buena entrada.
    Un abrazo!

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    1. Me pareció una historia tan tierna, que pinta de cuerpo y alma enteros el semblante de un hombre a quien no conocemos, y es tan injusto que así sea. No podía dejar de escribirla desde todas mis limitaciones para abordar a Borges y al relato. Nos embelesan tantos otros escritores latinoamericanos devenidos en productos editoriales y mediáticos que no le llegan ni a los talones... Pero esta vez fue el hombre quien me llenó de ternura y la escribí a su memoria y en honor a lo mucho que estoy disfrutando y aprendiendo al leerlo sin maestro ni manual.

      Un beso y gracias por tu visita, Marybel!

      Fer

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  2. Hola María Paz.
    Me encantó la historia y como la escribiste.
    Muy buena.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Lucía. Es una historia verdadera y entrañable que plasmé añadiendo algunos detalles que imaginé y que me dio mucho gusto escribir.

      Un abrazo!

      Fer

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  3. Espléndida Fer, leída de principio a fin y sin perder una sola palabra. Maravillosa historia y merecido el premio amiga mia. Te felicito por como eres capaz de contar las cosas, me imaginé compartiendo ese te con pastas ;)

    Un besazo!!

    mafar

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    1. Muchas gracias, amigaza!!! El mayor premio que podemos recibir quienes amamos escribir obtener una respuesta tan emotiva y tan sincera como la tuya a aquello que hemos creado con palabras.

      Un beso enorme ;)!

      Fer

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  4. Maria: Creo que nunca dejaremos de conocer a este ilustre escritor. Su simpleza en algunos casos y su genialidad, pues no dejan de sorprender. Gracias por acercarnos este tan enriquecedor relato.
    Cordiales saludos

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    1. Muchas gracias por tu lectura y tu visita, Carola.

      Cordiales saludos!

      Fer

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  5. Hola María Paz. No te conozco, buscando fotos en Internet de mi queridísimo amigo de la adolescencia encontré este relato, que no es siquiera un pálido reflejo de lo que pasó el día que Borges fue con su exmujer a visitar la casa de los Montes. Nada de lo que escribiste evoca mínimamente a ninguno de los involucrados - Goyo, un alma exquisita, no era ningún "pibe". Su madre no era una señora que hubiera guardado tazas heredadas para una ocasión especial. Ni siquiera hay escaleras, porque la casa es de una planta; Goyo nunca pensó en estudiar Medicina.
    En fin, viví ese momento y lo guardo como un recuerdo entrañable: tu relato no está a la altura.
    Elena L.

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    Respuestas
    1. Hola, Elena L!!! Me alegra muchísimo lo que me decís, aunque me choque un poco el tono y el motivo que te trajo hasta acá a comentar de este modo. Quienes escribimos ficción no deseamos estar ni cerca de la mera biografía: eso se lo dejamos a los escritores fantasmas. Podría haber incluido cosas que conozco acerca de esta historia, pero preferí ficcionarla, y fijate que de eso modo me valió un premio literario. Que tengas una buena vida.

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  6. Es una delicia para el paladar literario disfrutar de este texto. Por supuesto, lo primero es dejarte aquí mis felicitaciones, con retraso, por el premio obtenido por tu relato, es un agregado más que me ha tentado a leerlo.
    No puedo dejar de emocionarme de leer tus escritos en argentino, no solo porque sos una excelente escritora, sino porque tocás puntos sensibles, nombres, lugares: Palermo, Adrogué. La frase “sus veranos en ese laberinto amado, arbolado y circular” es una joyita, sobre todo para los que conocemos ese sitio. La podría haber escrito Borges. Tal vez sea de él y yo no la conozco, o la he olvidado. Las masitas que traía de la confitería “Las Delicias” y la forma en que describís el paquetito y como lo trae, es de una dulzura inolvidable.
    Borges era un ser excepcional y yo creo que vos dibujás su figura tal cual como lo conocimos, los modos de expresarse, esa sencillez que tenía de no pasar por alguien ilustre, ese modo que tenía de dudar de todo, como si no estuviera seguro de nada. Era un erudito, con ese don de sugerir, de no inclinarse por la certeza. Yo creo que el dibujo está perfecto, el clima, esa inquietud que tenía por la cultura irlandesa, la del país de Gales, la de los celtas, y tantas inquietudes más que han quedado plasmadas en sus libros y en los oídos de sus alumnos.
    También creo que has realizado un trabajo de documentación previo importante y que acertás en elegir esa canción tradicional irlandesa. Y, como vos decís, Fer, es un texto ficcionado, vos tenés toda la libertad para darle la arquitectura y el relleno que te sale de adentro, no tenés porqué dejar de arriesgarte a ponerle adornos tuyos. A veces yo justifico hasta cierto nivel de mentira deliberada (no es este el caso), a veces puede llegar a ser casi necesaria, porque no se trata de una biografía. Y mirá que yo soy un obsesivo con la documentación. Cuando el texto lo necesita, la mayor parte del tiempo se me va en eso.
    Pero no vine hasta aquí para hablar de mí, quiero elogiarte lo que acabo de leer. Es un relato precioso. Para sacarse el sombrero. No te imaginás como lo disfruté. Un homenaje exquisito. Felicitaciones.
    Te mando un beso.
    Ariel

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    1. Muchísimas gracias, Ariel, tanto por la lectura, que nunca resulta tardía, como por tu valoración desde la cercanía y la empatía. Este relato fue concebido como un merecido homenaje a la enorme figura del Maestro. ¡Un beso grande!

      Fer

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  7. Hola Fer, la historia está muy bien estructurada, de eso no cabe duda y ya dejas constancia. Para evitar estos contravientos con los lectores, podrías especificar, si quieres, bajo mi punto de vista lo requiere aquello de:esto es una historia de ficción basado en... . De este modo nadie va a venir a desmerecer el relato, que es muy bueno, por equivocación.


    Me gustó mucho.

    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Me alegra mucho que te haya gustado, Jonh. Gracias por tu visita y por tu aporte.

      Un fuerte abrazo.

      Fer

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© de todos los textos: María Fernanda Paz. Todos los derechos reservados.

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Vasija de barro

Vasija de barro

"Yo quiero que a mi me entierren
Como a mis antepasados,
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro.

Cuando la vida se pierda
Tras una cortina de años,
Vivirán a flor de tiempos
Amores y desengaños.
Arcilla cocida y dura,
Alma de verdes collados,
Barro y sangre de mis hombres,
Sol de mis antepasados.

De ti nací y a ti vuelvo,
Arcilla, vaso de barro,

Con mi muerte vuelvo a ti,
A tu polvo enamorado."