viernes, 1 de noviembre de 2013

Día de Todos los Santos




En días como hoy, hasta el más pintado los recuerda. Ellos están siempre presentes, todos los días de todos los años, pero si llueve como si el cielo llorara y si es Día de Todos los Santos, es inevitable no traerlos a la memoria que nos han dejado en su paso por la vida.

Nuestros muertos nos acompañan desde donde quiera que sea que creamos que están. Más allá de toda creencia, ellos nos habitan, somos prolongación de sus vidas, fruto vivo de ese árbol que nos ha sido dado y del que somos rama, flor y semilla, como ellos lo fueron antes que nosotros y otros lo serán cuando llegue el temido día de nuestra partida.

El misterio de la enfermedad y de la muerte, sea la de nuestros seres queridos o sea la propia, nos angustia y nos embarga a todos. El hombre posmoderno, quizás mucho más que otros, se cuestiona el por qué del sufrimiento y de la muerte sin encontrar respuesta. No existe filosofía alguna para explicar este humano misterio: sólo se puede esbozar una teoría especulativa que a nadie conforma. Es inútil en días como hoy, en los que se debaten dolores profundos del alma, angustiantes desamparos, penas y congojas existenciales áridas o yermas, enfrentarnos al sentir que la muerte despierta en nosotros intentando acallarlo con un manojo de frases hechas o un bastión de argumentos teóricos. Lo único que cabe en días como este, en mi modesto entender, la mejor respuesta ante la más acuciante de todas las preguntas humanas, es la ausencia absoluta de respuesta: el silencio ante el misterio, el dejar fluir la pena, el cederle paso al duelo. La actitud que tomo hoy es asumir mi propia pobreza de argumentos y respuestas, e intentar obrar a través del gesto, de la ternura y de la presencia silenciosa. Como dijo alguna vez un hombre que entregó su vida al servicio de los enfermos en un hospital de Buenos Aires, hoy más que nunca:

"No caigas en la tentación de los curas que cuando no saben qué decir hablan mucho."

Hoy es día de silencio en nuestro corazón. Tal vez encenderé una vela para recordar a mis muertos desde la luz con la que iluminan ellos mi paso por esta vida, sin entender por qué se fueron o por qué un día he de irme yo. Hoy es un día en el que siento que ellos están conmigo de maneras sutiles e inefables y así me aman, desde sus gestos invisibles más que desde sus actitudes y palabras en vida.

Si de algo sirven los días como hoy es para recordarnos que la muerte es parte de nuestra condición, que la finitud envuelve y cala hondo en nuestra existencia, que el día en que llegue a tocar la puerta, no podremos decir que no sabíamos nada de ella, porque ella anda siempre rondándonos, oscura y misteriosa, delimitando la frontera de nuestra frágil humanidad.

Causa un enorme dolor aceptar el hecho de que la muerte no llega cuando queremos, ni como queremos, que resulta muchas veces desprolija, ingrata y cruel. Lo único que se puede hacer ante esta enorme desdicha es aceptar sus inapelables reglas de juego e intentar encontrarle sentido a la partida que nos propone la vida, sin que la sombra del miedo y la rebeldía ante nuestro destino último nos conduzcan a un jaque mate: el de la impotencia y la ira por sabernos mortales. De todas formas, es mucho más fácil decir que poner en juego toda esta enorme sabiduría, por eso hoy es un día para meditar.

El mensaje que ofrece la vida todos los días, y tal vez hoy de manera explícita y especial, es que a pesar del misterio que no comprendemos, es mucho lo que se puede hacer desde acá, aún sin esperar ni creer en un "más allá", un "más allá" que no tiene por qué resultar una promesa paradisíaca ni una condena tortuosa al no ser. Podemos simplemente intentar aceptarlo como un merecido descanso tras una larga peregrinación, que, como tal, ha sido fructífera e intensa, más allá de cuánto hemos andando y de dónde y cómo nos hemos visto obligados a dejar de andar.

Acompaño hoy con el alma a todos aquellos que atraviesan el dolor de la muerte, y duelo también con todo mi ser, como lo hacen las plantas de mi jardín bajo la lluvia que no cesa, al árbol que al fin murió y me dejó sin su cobijo y el verdor de su compañía, que creía eternos, como suele pasarnos a todos con aquellos seres a quienes amamos de verdad.

A boca de jarro

33 comentarios:

  1. El hecho de que un corazón, ya cansado, decida pararse de forma definitiva, no es más que un mero trámite de índole físico o químico, o losdos. No lo sé con exactitud. Es cierto que es un hecho arto difícil de aceptar y en exceso doloroso; pero en el fondo no obedece más que a la ciencia y no veo ahí misterio alguno.

    No concedo a este día ningún atributo que pueda diferenciarlo de cualquier otro. No acudo a los cementerios porque no brindo demasiado tributo al cuerpo y sí todo el del mundo al recuerdo y el alma de los que yacen bajo una ingrata lápida; y para eso me sirve cualquier día. Atraves de mis versos, mi prosa, mis acciones..., siguen vivos, ahí mis seres queridos; pues la muerte sólo se consuma cuando triunfa el olvido.

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    1. Tu forma de ver la muerte me enseña mucho, Manuel, así como lo hace tu enorme sabiduría de vida: ya te lo he dicho antes, y es lo que sinceramente creo. Te agradezco todo lo mucho que tienes a bien enseñarme.

      Un fuerte abrazo.

      Fer

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  2. Me gusta cómo lo cuentas y estoy de acuerdo contigo: nos acompañan siempre, sea el día que sea. Cuando se sufren las primeras pérdidas de seres queridos sabemos que la vida es una convivencia entre vivos y muertos, pues no podemos evitar recordarlos a diario, imaginar sus voces y sus consejos ante las circunstancias cotidianas. Viven en nosotros y eso es una auténtica fortuna para nosotros. Mientras nos quede aliento, los llevaremos en nuestro interior, siempre.
    Un beso, querida Fer.

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    1. Muchas gracias, Isabel. Lo cuento tal como lo siento y lo pienso, aunque aún no he transitado por ese arduo tramo de la vida, más que a través de la muerte de tres de mis cuatro abuelos. Por eso aprendo mucho de aquellos que me enseñan valiosas lecciones de vida desde esta nueva tarea de voluntaria en el acompañamiento espiritual de los enfermos y sus familiares que realizo con pasión y mucho amor. Aprendo de ellos mucho más de lo que puedo enseñar en esto, y es eso lo que más valoro de esta misión de servicio. Crezco espiritualmente, me fortalezco, aprendo a valorar lo que la vida me ha regalado y a dar las gracias por ello. Esos seres me colman de su sabiduría y de su amor en forma absolutamente gratuita, y eso tiene un valor inestimable para mí como persona, que agradezco al Dios en el que creo con toda el alma.

      Un beso grande, mi querida Isabel.

      Fer

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  3. Conviene leer a Quevedo y sus sueños.

    http://ellaberintogrotesco.blogspot.com.es/2013/11/del-sueno-del-infierno-de-quevedo.html

    Saludos.

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    1. Muchas gracias, Ariadna. Cada quien sabrá lo que conviene hacer en estos casos.

      Mis respetos y saludos.

      Fer

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  4. Te seguí reflexión tras reflexión con calma, quizá como deba tomarse el día de hoy, convivir con su memoria y su presencia, seres amados y seres olvidados que nadie recuerda por no vivir o no tener quien les amó.
    Es un día de MEMORIA COLECTIVA A TODOS LOS MUERTOS y los que estamos por llegar.

    Besos, mi Fer¡¡¡

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    1. Mi querida amiga Teresa: fuerza!!! Todos estamos por llegar, sólo que algunos tienen la certeza de estar cerca, mientras que los demás elegimos ignorarlo como si no nos fuera a pasar nunca. Eso es también muy humano, de allí la utilidad de estos días. Son días en que nos forzamos a recordar la fugacidad de la vida, lo que los romanos denominaban "Memento mori", una frase latina que significa "Recuerda que morirás".

      La única ventaja que le encuentro a una situación tan ardua y dolorosa como la tuya es que te da la oportunidad de despedirte, Tramos, de decir aquello que nunca has dicho. Es ahora el tiempo. No lo dejes ir, por tu bien y el de quien acompañas como mejor puedes. Incluso también esto haga que el que debe irse haga lo mismo, es decir, se despida y te diga lo que siempre ha querido decirte. Tiene un inmenso valor, tanto para el moribundo como para su familia, tener tiempo de decir adiós y prepararse para la partida.

      Rezo por ti. Lo sabes, y espero poder seguir a tu lado en este tramo y siempre. Quedo a tu entera disposición.

      Un fuerte abrazo y besos, mi querida Teresa!

      Fer

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  5. Gracias, por tus plabras tan sinceras, tan de adentro, tan dolorosamente compartidas. Estoy pasando el duelo d emi padre, una pérdida atroz porque lo amaba con todo mi ser, y su muerte fue inesperada, una terrible enfermedad y una muerte fea, inmerecida para un buen hombre... y ninguna palabra me es consuelo, y a veces siento que todos con su insistencia y sus palabras vacías me dañan más. Y hoy es el primer día que él está entre los que no están y lo guardo sólo en mi recuerdo! Mi primer ser profundamente amado que ha partido , mi primer gran dolor, mi primera ausencia inmensa como el lugar que ocupó en mi vida.
    Y en tus palabras me he sentido reflejada, comprendida y acompañada...

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    1. No tienes nada que agradecerme, Nata, Ojalá pudiera ayudarte de manera más concreta, pero esta es la única forma en la que puedo hacerlo virtualmente. Lo único que puedo decirte es que debes permitirte transitar este abanico de emociones fuertes, oscuras y dolorosas, ya que ahora estás haciendo lo que debes hacer: ahora es tiempo de duelar. Esa es una necesidad humana que implica lidiar con el impacto terrible que produce la muerte de un ser tan central en tu vida como lo es tu padre.

      La muerte, mi querida Nata, no es nunca la que creemos merecernos o la que merecen los demás: es algo que no se elige porque la vida no tiene menú a la carta como un buen restaurante. Así de crudas y así de valiosas también son la vida y la muerte en sus lecciones. Entiendo tu inmenso dolor y lo acompaño como mejor puedo. Nada ni nadie puede transitar esto más que tú misma. Lo que sí puedo decirte es que si te das el permiso de transitar este gran dolor como lo estás haciendo, llegará un punto en el que aceptes la partida de tu padre y te encuentres fortalecida, porque esa aceptación te dará paz y crecimiento personal: te harás grande y lograrás ver y vivir desde una nueva perspectiva que te dará humildad. Esa humildad que brinda la conciencia de sabernos frágiles y finitos es la fuerza vital más importante que te acompañará por el resto de tu vida y a la que acudirás para beber de ella como un cántaro de agua lleno de vitaminas para el alma para enfrentar otras pruebas que la vida inexorablemente traerá.

      Cualquier cosa que desees seguir compartiendo o en todo aquello que necesites acompañamiento, aquí estoy: déjame un mensaje a través del formulario de contacto y te respondo en forma privada y personal. No dudes en este momento en abrirte a quien sea que se presente para acompañarte en tu dolor si sientes que lo que te dice te hace bien: necesitas de acompañamiento amoroso y de escucha. Yo sólo puedo dártelo virtualmente... algo es algo. Si nos comunicamos de forma más personalizada tal vez logre ayudarte y orientarte un poco mejor, pero el resto, Nata, el resto será sacar fuerzas de donde no crees tenerlas y hacerle frente a este tramo amargo de tu vida tú misma.

      Muchas gracias a ti, Nata, por abrir tu corazón, por compartir tu realidad y por enseñarme tanto sobre una realidad que aún no he vivido, pero que sé que llegará a mi vida.

      Te mando un fuerte abrazo!

      Fer

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  6. Es un día que no me gusta nada...eso de ir al cementerio a depositar flores, y a rezar a los muertos no va con mi forma de ver las cosas...
    mis muertos siempre están en mi memoria, sea el día que sea, y no creo que llevarle flores una vez al año sea una forma de rendirles tributo...pero como en esta vida, es respetable...
    Espero que cuando me muera, me quemen y espartan mis cenizas sobre la tierra...y que nadie me lleve flores a ningún sitio...que quien quiera me las regale ahora que puedo disfrutar de su olor y su belleza...
    cuando me muera que los seres que me quieran, me sigan nombrando de vez en cuando, contando anécdotas...o cosas que aprendieron conmigo..o si les hice felices en algún momento...
    La muerte es algo inevitable, espero que me pille desprevenida...no quiero ser testigo de mi agonía...
    un abrazo

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    1. Tu disgusto y lo que se percibe como cierto grado de enojo, mi querida Julia, son reacciones muy humanas ante la muerte. Nos pasa a todos. Cada quien hace en estos días lo que siente que debe hacer, y eso es lo que vale, en mi modesto entender. Hay personas que sienten la necesidad espiritual de rendirle culto a sus muertos visitándolos en un cementerio y llevándoles una flor. Si eso les da paz y sosiego en su dolor, tiene un valor incuestionable.

      Yo, como tú, llevo a mis muertos conmigo en cada día y en cada momento que vivo, los veo en mis hijos, en mis plantas, en mis escritos, en todo cuanto doy al mundo como fruto de lo que me han legado ellos en su paso por el mundo. Los cementerios en mi ciudad se han convertido en lugares que comercian con la muerte de una manera macabra y despiadada. Tenemos en nuestra familia historias que es mejor olvidar con respecto a la experiencia que allí nos hemos visto forzados a transitar. Ahora sus cenizas han sido esparcidas en lugares donde sentimos que debían quedar, como es el caso de mis abuelos paternos, quienes abonan el Monte San Roque en pleno Viveiro. En el caso de mis abuelos maternos, la historia, lamentablemente, fue muy distinta, pero mi madre no tuvo fuerzas para enfrentar lo que se le proponía y han quedado en su memoria, como en la mía. La asisto en perdonarse a sí misma por no haber tenido el coraje de remover sus cuerpos y reducirlos a cenizas: eran otros tiempos y estaba muy sola, cansada y abatida como para enfrentar todo eso. Lo que importa, en mi entender, no es lo que hacemos con los restos mortales de nuestros seres queridos, ya que eso tiene que ver con una serie de variables que no reflejan el amor que sentimos por ellos. Lo importante es lo que hemos hecho con ellos en vida. Ella cuidó de sus padres como mejor pudo en su enfermedad y agonía y de nosotros al mismo tiempo. Hizo lo que debía hacer y me ha dejado una valiosa lección de lo que deseo hacer yo cuando me llegue la hora.

      Lamentablemente, Julia, no podemos elegir nuestra forma de morir de un menú a la carta. No podemos pretender ahorrarle a quienes nos aman el dolor de nuestra agonía y nuestra partida. Ese dolor es parte de la vida. Lo que sí podemos elegir es cómo abordar ese amargo y arduo tramo de la vida para prepararnos para un buen morir, que no es poco, ni para nosotros, ni para aquellos que nos aman. La agonía es un tiempo en el que se puede descubrir el valor de toda una vida, dar ejemplo de fortaleza y gratitud por lo vivido, y despedirse, que es algo que no puede hacer aquel que muere de manera desprevenida. Es muy bueno tal vez para quien muere, no lo sé: se presume que es mejor ni enterarse... Pero para los que quedan, el impacto de una muerte así es terrible, justamente porque no les da tiempo a decir lo que debe ser dicho antes de la partida.

      Un fuerte abrazo, querida Julia, y gracias por tu sinceridad de siempre y tus hondas enseñanzas.

      Fer

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  7. Ese día, sólo pensé en mi padre que se fue este año.
    Un abrazo

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  8. María: te acompaño con el alma en tu duelo. Sé que eso no sirve de consuelo, pero es lo único que puedo hacer por ti y lo hago con el corazón abierto. Te deseo fortaleza y sosiego en tu dolor.

    Un fuerte abrazo!

    Fer

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  9. Me quedo con esto:


    "No caigas en la tentación de los curas que cuando no saben qué decir hablan mucho."

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    1. Gracias por tu honestidad, Temu. Soy conciente de que mi mayor defecto es hablar demasiado y estoy trabajando duro para mejorarlo.

      Un abrazo.

      Fer

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    2. Otra cosa, Temu, que anoche, por ser muy tarde cuando leí tu comentario, se me pasó, pero creo que no debo dejar pasar. Esa cita es la de un cura, el Padre Martín Puerto, quien introdujo al Padre José María Vallarino a la pastoral de la salud en el Hospital Durand de la Ciudad de Buenos Aires. Son estos los ejemplos que me inspiran en la tarea que he emprendido en el acompañamiento espiritual de los enfermos. El Padre Pepe Vallarino escribió un breve libro que es el único que he leído para obtener algunas directrices en esta noble y ardua tarea que realizo con mucho amor, esperanza y alegría. Es el cura que me casó y que bautizó a mi ahijada, y a quien finalmente he de acudir para seguir aprendiendo y creciendo en esta misión pero desde el silencio y el respeto por la persona sufriente y por curas como ellos.

      Te mando un abrazo de domingo, Temu, y te agradezco la posibilidad que me has brindado de hacer esta aclaración tan oportuna como pertinente.

      Fer

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    3. Fer, que te equivocas, no puedo reprocharte lo que digas, ni en cantidad, ni en calidad; esto es un blog y cada uno escribe en el mismo, sus pensamientos y lo que es más importante como quiere transmitirlos. Uno puede estar de acuerdo con lo que se escribe o no, pero jamas como se escribe y tu escribes bien. Yo también me enrollo, como me pille un día con la "tecla facil" soy especialista en soltar soflamas, es lo que hay.

      Un saludo.

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    4. Temu querido: no lo tomo como un reproche tuyo. Es más bien un reproche que me hago a mí misma todo el tiempo. La concisión no es mi arte. Sé que es uno de mis defectos este de hablar hasta por los codos, aquí y en todos lados. Ya habrás notado la extensión de mis comentarios en tu blog también... Así que nada, Temu, no lo tomo a mal en absoluto. Sólo sentí que debería haber dado el debido crédito por esa cita y tú me hiciste el gran favor de traerla a colación, por lo cual cabe nada más que agradecer.

      Un saludo y vuelve siempre, por favor, que yo tengo que mantener la boca cerrada sobre otros temas en los que sabes que me encanta soltar la lengua y darle a la tecla, pero me dan por la espalda, y ya toda mi familia entera en reunión me ha advertido que mantenga la boca de jarro bien cerrada, aunque me tengo que morder la lengua en más de una oportunidad: también eso es lo que hay, mi querido amigo...

      Fer

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  10. La vida eterna existe en este mundo, desde que se descubrió la cadena completa de ADN y la reproducción artificial de células madre...pero la ética y las religiones no lo permiten, porque se pondría en cuestión su propia existencia, basada en la resurección y la vida después de la muerte, alegando que aún no estamos preparados para vivir eternamente, cuando son precisamente esos poderes los que no están preparados.

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    1. La vida eterna existe, creo en ella con el alma. No sé explicarla, no creo que nadie pueda: ni la teología, ni la filosofía, ni la ciencia, mi querido amigo Spa. He leído a Aristóteles, quien intenta explicar la existencia de Dios a través de un número de conceptos filosóficos tales como "motor inmóvil", "causa no causada", "el creador definitivo", "un ser superior sobre el cual nada puede ser concebido". Pero aún así creo en la vida eterna no por las explicaciones aristotélicas sino por una cuestión de fe. La ciencia va detrás de la partícula de Dios y falla cada vez que lo intenta.

      No sé si has leído el cuento, o si has visto la película homónima basada en él, de Isaac Asimov, "El hombre bicentenario". Allí se plantea la inmortalidad humana, aunque es la robótica la herramienta de creación humana lo que la hace posible, y resulta ser un fiasco. La inmortalidad humana no me resulta una idea plausible ni atractiva, te lo digo con toda franqueza. No estamos hechos para la inmortalidad del cuerpo: sería espantoso vivir por siempre, tremendamente aburrido y antinatural. Nacemos para morir, Spa. Es más, si lográramos la inmortalidad física nos quedaríamos sin los grandes temas sobre los cuales escribimos, los que han inspirado al mejor arte humano de todos los tiempos: la ópera, la tragedia, la poesía, la pintura... Sólo creo en la inmortalidad del alma y con eso tengo bastantes enigmas para entretenerme mientras viva.

      Un fuerte abrazo y muchas gracias!

      Fer

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  11. Querida Fer, a veces tengo la sensación de que tenemos un miedo reverencial a ese proceso llamado vida. Quizás lo sacralizamos demasiado, lo hacemos demasiado solemne, demasiado trágico. El sentimiento trágico de la vida de aquel maravilloso libro de Unamuno. No se en que medida eso en vez de aliviarnos nos produce más inquietud y desasosiego ante la idea angustiosa de la muerte.
    ¿Y si hiciéramos lo contrario? ¿Si practicáramos un sana frivolidad ante la trascendencia y nos tomáramos más a chirigota, a broma, a la vieja de la guadaña como se hace en muchas culturas? ¿No es mejor antídoto ante la segura tragedia final tomarnos la vida con humor y bailar sobre nuestra/vuestra propia tumba como nos pide Siniestro Total en esta irónica canción?
    http://www.youtube.com/watch?v=X8yLE3p9PgQ
    Muchos besos

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    1. Querido Krapp: se intenta, claro que sí. Sucede que hay días y días... En el hospital me río mucho con enfermos que me enseñan sobre esa desacralización de la muerte estando a pasos de traspasar su puerta. Y nos reímos juntos: eso enseña mucho más que un centenar de libros y tratados sobre el tema. Voy a ver ese video con mucho gusto y te agradezco el toque Krapp ;)!

      Muchos besos!

      Fer

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  12. Estoy con mi paisano, Krapp. Hay que reírse más y tomarnos menos en serio, al fin y al cabo, ateos, escépticos y creyentes, todos! estamos sólo de paso... y como de adonde 'vayamos' después de abandonar 'esto', hasta la fecha nadie ha podido dar razón alguna... pues eso! que el muerto al hoyo y el vivo al bollo, dicho sea con todo el respeto del mundo para todo tipo de creencias.

    Yo siempre visito el cementerio unos días antes del 1 de Noviembre, para evitar los atascos y aglomeraciones propios de estas fechas. Lo hago, sobre todo, porque sé que a los ex-habitantes de los restos allí depositados... les gustaría que lo hiciese y lo respeto. Y te diré además, que visitar de vez en cuando, según que cementerios. como el del pueblo en el que resido actualmente, en el que abundan mausoleos y tumbas modernistas de gran belleza, además de una paz y un silencio maravillosos, es una gozada. Si se hace fuera de estas fechas, claro.

    La mayoría, de una u otra forma, recordamos a los que se nos fueron... De algún modo, el tenerlos `presentes, hace que sigan entre nosotros... y es tan largo el olvido que a todos nos llegará.... que ¡cómo no hacerlo! ¿verdad?

    Pues eso, querida Fer, y un abrazo.

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    1. Gracias, Cristal, por tu testimonio. Creo yo también que las fechas no siempre coinciden con las necesidades internas. Además le escapo a las aglomeraciones cuando de rituales espirituales se trata: nada mejor que la quietud, la soledad y el silencio.

      Un fuerte abrazo!

      Fer

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  13. Siempre me han conturbado los cementerios, nunca los he visitado con placer. La sensación que me producen es sombría. Esa ciudad de los muertos me llena de aprensión y nunca me gustaría verme en una de ellas, yo que soy tan solitario e individualista. Verme entre esa multitud de multitudes me resulta angustioso por más que no me enterara cuando estuviera allí. Si acaso algún cementerio pequeñito frente al mar o con horizonte en la montaña. Pero no. Prefiero que me aventen y dejen que me vaya con el viento.

    Nunca pienso a los muertos en el cementerio, los pienso dentro de mí. Sus restos, sus pálidos restos, mo me producen interés, ni me llevan a visitarlos.

    En cuanto a pensar la muerte, ¿cómo no hacerlo cada día, cada instante en que vemos que el tiempo se despeña incesante camino de la mar infinita?

    Pero me atrae la visión burlesca de la dama de la guadaña que han pergeñado Dr. Krapp y Cristalook. En Mexico, como todos sabemos, es una gran fiesta en que se considera la muerte como algo grotesco y divertido a la vez, y se la mira sin reverencia, con enorme sentido de la fiesta y el humor.

    Un abrazo.

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    1. Yo también le escapo a los cementerios. Entré al del Monte San Roque, caminé un largo entre todas las tumbas y me embargó una tremenda angustia, a pesar de que esos muertos gozan de una vista espléndida. Finalmente, casi a punto de darme por vencida, apareció un paisano de ochenta y pico de años a quien le pregunté por los restos de Juan Latorre. Me sorprendió su reacción inmediata de reconocimiento, y me dijo que le había dado clases de música a su propio padre. Fue él quien me condujo hasta la sepultura donde descansan los únicos restos de la familia que yacen en un cementerio: el de mi bisabuelo y su hija Paz, que pidió ir a morir a Viveiro bajo el cuidado de las madres Concepcionistas, monjas de clausura a quienes también visité. A Paz la conocí en mi niñez y me dio cierta ternura encontrarme allí su tumba junto a la de alguien de quien he oído tantas historias distintas. La muerte tiene, entre otras cosas, el don del perdón: se suele perdonar a quien se ha ido por el mal que creemos que nos ha hecho en vida, porque al enfrentarnos con ella, lo vemos todo desde una perspectiva más misericordiosa, más humana. Nos obliga también a nosotros a mirar para atrás y a darnos cuenta de que no hemos sido santos... Sentí que en ese gesto de visitarlos reconciliaba a todo el árbol de mi familia paterna. Pero es sólo un sentimiento. El anciano viveirense me sugirió blanquearla o venderla: no se imagina que ambas opciones implican una estancia prolongada en el pueblo que no puedo darme el lujo de costear, amén de un tremendo tramiterío. Es un cementerio VIP el de Altamira.

      Los otros días, tomando examen oral, una de las preguntas que hacíamos a alumnos adolescentes era para qué servía investigar sobre el árbol familiar. Me sorprendió la respuesta de un veinteañero porteño en correctísimo inglés. Dijo que, si de algo servía, era para saber de dónde veníamos y a dónde íbamos a llegar. ¡Cuánta razón tiene!

      Para celebrar la memoria de mis abuelos el otro día hice una inmensa tortilla y les pedí inspiración a las abuelas a la hora de darla vuelta. Me salió buena. En esos detalles cotidianos siento que están presentes.

      Yo pido lo mismo que tú: que quemen mis restos y los metan en un cinerario donde más les quede cómodo, cerca o lejos, depende de los demás, o los esparzan donde más les guste. Hay cosas sobre las cuales uno ya no tiene por qué ocuparse: que carguen los demás con ese muerto. Y que se celebre mi memoria con un buen asado con tinto argentino, y a otra cosa mariposa.

      Un abrazo y gracias, Joselu!

      Fer

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  14. En "salvar al soldado Ryan" el sargento que incorpora Tom Hanks ha de comunicar y consolar al soldado Ryan que sus tres hermanos han muerto en combate. El soldado comienza a relatar recuerdos y anécdotas de su vida con sus hermanos. Algunos de ellos le hacen reir incluso (al soldado) pues relata una anécdota graciosa de la adolescencia. Y ríe a caracajadas y de buena gana.
    El sargento escucha en silencio.
    Cuando termina, el soldado Ryan parece percatarse y le dice más o menos:
    -Disculpe mi sargento, ¿usted es viudo si no estoy mal informado?
    -Así es.
    - Y dígamé, usted tendrá también anecdotas y recuerdos de su esposa... Seguro que si...¿era hermosa su esposa?Cuenteme alguna cosa..
    - No, no, nooo...jamás...eso, soldado,me lo guardo para mí...
    Un abrazo.

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  15. Hermosa escena la que has pintado para cerrar esta reflexión, amigo Víctor. Te la agradezco profundamente, así como todo lo que deja traslucir al buen entendedor de pocas palabras. Es una película que merece la pena ver más de tres veces para no perder esos detalles tan humanos y profundos.

    Un fuerte abrazo!

    Fer

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  16. Con retraso pero me ha gustado especialmente hoy leer tu escrito y justo ahora que he estado un par de horas ordenando fotos en el ordenador. Todas allí pequeñitas para irlas catalogando, me he entretenido en las que el bigote de mi padre aún no era cano y al irlas abriendo para verlas esta sonriendo con sus queridos nietos ahora ya adultos, precisamente pensaba que es muy triste que no esté pero después me he consolado pensando que siempre estará con nosotros porque la vida no termina, se transforma.
    Un petó Fer,

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    Respuestas
    1. Te llamé con el pensamiento. Estaba a punto de enviarte un mail! Creo lo mismo que tú, querida Rosa: la vida no termina, sólo se transforma. Por favor tenme al tanto, por canal privado, sobre cómo van marchando las cosas por la puerta de entrada ;)!

      Un petó!

      Fer

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  17. Respuestas
    1. Muchas gracias, Ximo. Me sucede lo mismo cuando te leo a ti.

      Un fuerte abrazo.

      Fer

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© de todos los textos: María Fernanda Paz. Todos los derechos reservados.

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Vasija de barro

Vasija de barro

"Yo quiero que a mi me entierren
Como a mis antepasados,
En el vientre oscuro y fresco
De una vasija de barro.

Cuando la vida se pierda
Tras una cortina de años,
Vivirán a flor de tiempos
Amores y desengaños.
Arcilla cocida y dura,
Alma de verdes collados,
Barro y sangre de mis hombres,
Sol de mis antepasados.

De ti nací y a ti vuelvo,
Arcilla, vaso de barro,

Con mi muerte vuelvo a ti,
A tu polvo enamorado."